"Quien no te ha visto aún... no te verá jamás"
La escena transcurre en la estación abandonada de Rosario del Tala, Entre Ríos. En la plaza que estaba frente a la entrada de la estación había un patrullero con dos policías, y para evitar problemas me acerqué, y les hablé de mis intenciones de tomar fotos de la vieja estación abandonada, de sus rieles torcidos y andenes vacíos, de sus vagones oxidados y carteles ausentes de anuncios. Uno de los policías me tomó mis datos personales y el segundo fue hasta el interior la estación y volvió en seguida. Es que ya no estaba abandonada, ahora allí vivían varias familias que habían sido desposeídos todo. Elegí tomar un 28-135mm ultrasónico y caminé a encontrarme con lo que no imaginaba. De ese viejo edificio ferroviario salieron un grupo de niños, entre cuatro y diez años, todos ávidos de conocer, alegres y divertidos, desprejuiciados y despojados de maldad.

Miren ese niño con ese biberón improvisado en una botella descartable de agua... Casi el único momento reflexivo de todo el encuentro. Cuando vine a trabajar el archivo en la computadora, le modifiqué diferentes niveles dejando la foto mas contrastada dando como resultado un clima ideal para el blanco y negro que se ve como resultado al sustraerle los colores. Pues esta foto cuenta eso, una historia de sustracción, de despojo. Un detalle que me impresiona en la foto, es sus ojos ausentes de mirada. Incluso la falta de nitidez agrega rusticidad al entorno de aquel niño que no tiene nada como debe tener, que se sabe carente de lo mas basico. El derecho a tener una niñez feliz.
Esta es la banda de niños que vino hacia mi cuando aparecí con mi cámara de fotos. Eran bulliciosos, revoltosos, alegres, divertidos, bromistas. Parecía que hubiesen sabido de mi visita y esperaban ansiosos el momento de mi llegada. El sorprendido fui yo, si les hubiera pedido posar y jugar a tomarse fotos, no lo hubieran hecho tan bien. El desorden y la desobediencia son naturales, asi son, como el esta foto se los ve, espontáneos, naturamente libres. Parecen contentos, están contentos, juntos se los ve así... solos es diferente. El pueblo de Rosario del Tala, muestra matices muy distantes entre si. Por un lado los empresarios y terratenientes ricos, influyentes y poderosos, y por otro, la indigencia urbana a la que ya estamos acostumbrados a aceptar en los rostros de estos niños alegres y curiosos. Pero todo esto es a nivel local... fuera del pueblo, en ciudades mas grandes, todos dejan de ser quienes son. Ambos perderían el protagonismo social que tiene aquí. Identidad, algo de lo que estos niños no puede nunca ser despojados.

Esta es la banda de niños que vino hacia mi cuando aparecí con mi cámara de fotos. Eran bulliciosos, revoltosos, alegres, divertidos, bromistas. Parecía que hubiesen sabido de mi visita y esperaban ansiosos el momento de mi llegada. El sorprendido fui yo, si les hubiera pedido posar y jugar a tomarse fotos, no lo hubieran hecho tan bien. El desorden y la desobediencia son naturales, asi son, como el esta foto se los ve, espontáneos, naturamente libres. Parecen contentos, están contentos, juntos se los ve así... solos es diferente. El pueblo de Rosario del Tala, muestra matices muy distantes entre si. Por un lado los empresarios y terratenientes ricos, influyentes y poderosos, y por otro, la indigencia urbana a la que ya estamos acostumbrados a aceptar en los rostros de estos niños alegres y curiosos. Pero todo esto es a nivel local... fuera del pueblo, en ciudades mas grandes, todos dejan de ser quienes son. Ambos perderían el protagonismo social que tiene aquí. Identidad, algo de lo que estos niños no puede nunca ser despojados.

Involuntariamente se había convertido en mi modelo representativo del otro lado de aquella escena tan especial. Aislado del resto por voluntad propia y como si no le alcanzara su mirada es hacia afuera, hacia donde no sabemos que ve. Contrapuesto a su pequeño tamaño, vemos tres puertas. La mas alejada es de color rojo, acentuando mas que su soledad y tristeza está en dirección opuesta. Pero no quiero caer yo en interpretaciones de este tipo . Esta ocasión fue una de esas veces donde uno ve la foto antes de hacerla. La la toma la hice desde el auto en el momento que estaba por descender a realizar la solitaria visita a un sito supuestamente abandonado, y resultó ser que ese fue el primer indicio que la estación estaba tomada.
Las tres de la tarde, no mucho mas. Era verano y el sol brillaba por su ausencia en esa tarde calurosa y húmeda en aquel pueblo de Entre Ríos. Y así como húmeda era la tarde, los niños se pegaban a uno, felices por descubrir lo nuevo. Como un juego tomaron la sesión de fotos y como un juego, no querían que terminara. Vaya uno a saber cuantas serán las cosas diferentes con las que se encontrarán día a día estos niños que son presos de su libertad.
Antes de irme, hice esta ultima toma, la hice porque ellos se abrazaron para la foto. Estaban contentos y se sentían halagados que alguien de afuera y muy diferente esté interesado en conocerlos. Fue una experiencia valiosa e inesperada porque aquella tarde fui a la estación de trenes abandonada a hacer tomas de los andenes y los restos de una civilización que ya no era... pero ahí mismo, de algún modo, se gestó vida y la retraté de esta manera. Todo esto no dejó de ser un encuentro furtivo con los niños que desde lejos era vigilados por adultos que ni insinuaron acercarse... pero si me di cuenta que miraban celosamente todo lo que sucedía.
Al irme de esa estación y dejar atrás a los niños, decidí dar una vuelta mas recorriendo barrios humildes en las afueras del pueblo. En esa casa, estaba esta niña sola, ahí sentada, esperando, mirando todo... lo poco que pasaba por la calle de tierra que tenia frente a su hogar. La fotografía la tomé cuando comenzaba mi recorrido, y a la vuelta pasé por el frente de esa casa, varios minutos mas tarde, y ella seguía ahí, como mucha gente acostumbra en este tipo de pueblos, sentarse a la calle a ver la vida pasar. La foto tiene un tratamiento de sutracción de colores pero por canales por eso se ve el paso gris y casi que solo la niña tiene color. A veces uno encuentra detalles en las fotografías que no había advertido en el momento preciso de la toma. Yo trato de buscar crear un encuadre donde el sujeto u objeto protagonista forme una comunión con el resto de lo que sea que componga el cuadro. Pero detalles como que el alambre coincida con los ojos de la niña tapandolos... no estaba previsto en este caso, y a mi parecer, le da un énfasis importante a la fuerza dramática que puede tener esta escena. Los palos de madera, desparejos que hacen de barrotes carcelarios, el alambre de puas errante que da a la altura de sus ojos, la ausencia de color en todo salvo en ella, su gesto adusto, sereno... son detalles que hacen al espíritu de la toma fotográfica. Por eso, en toda esta serie, hay un valor agregado que es el hecho de haber sido realizada bajo condiciones fortuitas y no programadas ni preparadas. Y de ahi es de donde comenzamos a crear.
Las tres de la tarde, no mucho mas. Era verano y el sol brillaba por su ausencia en esa tarde calurosa y húmeda en aquel pueblo de Entre Ríos. Y así como húmeda era la tarde, los niños se pegaban a uno, felices por descubrir lo nuevo. Como un juego tomaron la sesión de fotos y como un juego, no querían que terminara. Vaya uno a saber cuantas serán las cosas diferentes con las que se encontrarán día a día estos niños que son presos de su libertad.
Antes de irme, hice esta ultima toma, la hice porque ellos se abrazaron para la foto. Estaban contentos y se sentían halagados que alguien de afuera y muy diferente esté interesado en conocerlos. Fue una experiencia valiosa e inesperada porque aquella tarde fui a la estación de trenes abandonada a hacer tomas de los andenes y los restos de una civilización que ya no era... pero ahí mismo, de algún modo, se gestó vida y la retraté de esta manera. Todo esto no dejó de ser un encuentro furtivo con los niños que desde lejos era vigilados por adultos que ni insinuaron acercarse... pero si me di cuenta que miraban celosamente todo lo que sucedía.

Al irme de esa estación y dejar atrás a los niños, decidí dar una vuelta mas recorriendo barrios humildes en las afueras del pueblo. En esa casa, estaba esta niña sola, ahí sentada, esperando, mirando todo... lo poco que pasaba por la calle de tierra que tenia frente a su hogar. La fotografía la tomé cuando comenzaba mi recorrido, y a la vuelta pasé por el frente de esa casa, varios minutos mas tarde, y ella seguía ahí, como mucha gente acostumbra en este tipo de pueblos, sentarse a la calle a ver la vida pasar. La foto tiene un tratamiento de sutracción de colores pero por canales por eso se ve el paso gris y casi que solo la niña tiene color. A veces uno encuentra detalles en las fotografías que no había advertido en el momento preciso de la toma. Yo trato de buscar crear un encuadre donde el sujeto u objeto protagonista forme una comunión con el resto de lo que sea que componga el cuadro. Pero detalles como que el alambre coincida con los ojos de la niña tapandolos... no estaba previsto en este caso, y a mi parecer, le da un énfasis importante a la fuerza dramática que puede tener esta escena. Los palos de madera, desparejos que hacen de barrotes carcelarios, el alambre de puas errante que da a la altura de sus ojos, la ausencia de color en todo salvo en ella, su gesto adusto, sereno... son detalles que hacen al espíritu de la toma fotográfica. Por eso, en toda esta serie, hay un valor agregado que es el hecho de haber sido realizada bajo condiciones fortuitas y no programadas ni preparadas. Y de ahi es de donde comenzamos a crear.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario